
Death Stranding es una experiencia única. No solo por sus mecánicas de juego, que se aman o se odian sin opción a término medio (y a veces hasta las dos cosas a la vez). Su universo, que representa la fractura entre la vida y la muerte, es una propuesta original y tan bien cuidada desde la perspectiva científica que se convierte en un viaje mental de no retorno. A veces tendemos a exagerar la genialidad de Hideo Kojima, pero la ambientación devastada de las Ciudades Unidas de América es un argumento más a su forma tan (por fortuna) peculiar de comprender la industria.
Este universo, que visualmente vira de las negras montañas mohosas a una pura representación de Marte en la Tierra, es el caldo de cultivo de decenas de historias personales asombrosas. A veces, a través de cuidadas cinemáticas; otras, lanzadas al aire con un simple mensaje enviado al brazalete de Sam Porter. Pero de entre ellas, hay una que destaca por su impacto y su capacidad de quebrar los límites humanos: Mama.

No vamos a entrar en detalles más allá de la primera visita de Sam Porter a esta científica tecnológica de Bridges para minimizar spoilers. Mama es una de las mentes más brillantes de Bridges, la organización a la que sirve ese Norman Reedus reconvertido en Sam con el objetivo de recuperar Estados Unidos de la devastación del Death Stranding. Gran parte del equipo que lo ayuda en esta tarea es desarrollado por esta joven inventora interpretada por Margaret Qualley (La asistenta, La sustancia, Érase una vez en… Hollywood).
La primera mitad del juego, Mama (o Malingen si apelamos a su nombre real y no a su apodo) es apenas una asistente en la distancia. La escuchamos en las transmisiones, y alguna vez se presenta en forma de holograma a medida que restablecemos la red quiral. Pero al visitar su laboratorio, adquiere un protagonismo vivo, visceral, capaz de traspasar la pantalla para poner a prueba la capacidad sensorial del jugador.

Al entrar a su laboratorio, el Odradek del protagonista Sam Porter comienza a reaccionar. Es un dispositivo capaz de detectar entes varados: esos seres fantasmales ni vivos ni muertos que hacen que avanzar por el universo del juego deje de ser un paseo relajante para convertirse en una experiencia tensa que te hace apretar el mando con más fuerza. El motivo de esta activación: hay un ente varado en la estancia. Uno que corresponde a un bebé. La hija de Mama.
Aquí el juego adquiere tintes macabros, pero a la vez lógicos y creíbles debido al excelente worldbuilding del juego. Mama acuna a su niña, apenas visible gracias a la tecnología del Odradek. La amamanta. El bebé no está vivo, pero tampoco está muerto del todo. Debido a un ataque terrorista, murió durante el parto de Mama. Pero en este mundo del Death Stranding donde las reglas entre lo que está vivo y lo que no han cambiado, fue ese nacimiento al límite entre la vida y el más allá lo que mantiene a la criatura en este lado. De forma espectral y parcialmente, al menos.

Y aquí es donde Kojima saca ese filósofo que siempre refleja en sus códigos virtuales y te obliga a recomponer las piezas que te ofrece este personaje. ¿Debería Mama renunciar a ese bebé y dejar que siga su tránsito natural al otro lado? ¿Lo mantiene entre los vivos por el propio bien de la criatura o por egoísmo maternal? ¿Lo retiene con todas sus fuerzas por amor verdadero o por miedo a dejarlo ir a lo desconocido?
Para agradecerte tu interés, te regalo este arte mural imprimible inspirado en el personaje de Mama (haz clic abajo en descargar). Está diseñado, editado, formateado y reescalado para ser impreso en tamaño A3 en calidad excelente y sin pixelado, pérdida de textura ni deficiencias de color. Si quieres un póster personalizado o aprender a hacer este tipo de contenido a través de una mentoría guiada y personalizada para crear tu negocio de arte online, contacta conmigo en el correo juanpacheco85@gmail.com o a través de WhatsApp (haz clic en el icono verde abajo a la derecha).



