¿Es posible un virus que se contagie más RÁPIDO que el tren que viaja a BUSAN? – TRAIN TO BUSAN

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train to busan español

El género zombi se nos está yendo de las manos. El cliché de los muertos vivientes se ha establecido y ha madurado de tal manera que parece que ya no necesite explicación alguna. Por defecto, todos sabemos a qué atenernos: personas infectadas con aspecto decrépito con ansias de devorar a sus congéneres. ¿Para qué ir más allá?

Tan innecesario se ha hecho añadir más explicaciones, que algunas obras ya se atreven a omitir todo trasfondo científico, ese que hace que la fantasía se sienta creíble y que, opinión personal, entrega una experiencia más completa. Pero la sombra de la serie B es muy larga. Y toda base biológica queda enterrada bajo un cúmulo de sangre y vísceras a gusto del consumidor. Pero oye, que si es así, es porque funciona.

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Train to Busan es un claro ejemplo de esta simplificación del fenómeno zombi. Esta película coreana dirigida por Yeon Sang-ho ha conseguido destacar entre la biblioteca cinematográfica de dentelladas caníbales. Creada en 2016, aún se mantiene entre las más visualizadas de las plataformas de streaming (en estos momentos, en Prime Video). Eso me llevó a darle una oportunidad. Quiero pensar que el éxito siempre lo da algo más que la violencia inmediata.

Pero todo lo que pudo ser científico en este metraje se evapora en la primera secuencia. “Ha habido una pequeña fuga en el laboratorio biológico”, dice un guardia a un pobre transportista. Y ya está. No sabemos si se trata de un virus, bacteria u otro tipo de agente infeccioso. Ni siquiera se le pone nombre al patógeno a lo largo de toda la cinta, en una declaración de desinterés absoluto.

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Tampoco el guion se lo propone, y quizás no sea ni necesario. La película va a lo que va: desatar una horda zombi en un tren. Y esa jugada la ejecuta de forma excepcional. Se siente eficaz al desplegar las distintas situaciones condicionadas por un entorno tan estrecho, segmentado y sin salida. Tiene ritmo y los puntos de tensión necesarios para este tipo de producciones. Sus zombis, dentro de la excentricidad habitual asiática, consiguen dejar su huella personal con esos movimientos convulsos dignos de un maestro del popping. Los personajes, sin llegar a convertirse en un amor platónico a través de la pantalla, son suficientes. El conjunto cumple. Entretiene y te mantiene con el interés necesario para llegar al final. Ni tan mal.

Pero es en ese intento de crear un apocalipsis ferroviario donde la película encuentra su razonamiento más inverosímil. Para llegar desde el paciente cero al descontrol en un marco tan hermético (y en principio controlable), se recurre a una dispersión explosiva. El contagio se materializa en tan solo unos segundos. En un par de minutos, con suerte.

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Las venas comienzan a oscurecerse y a hacerse visibles, los ojos se cubren por unas cataratas acentuadas, aparecen movimientos espasmódicos y convulsiones (que te permiten ahorrarte el ensayo para el Thriller de Michael Jackson) y se desata una violencia y un hambre voraz. El virus anula las funciones cerebrales superiores llevando a la víctima a un estado de instintos primarios extremos. Eso no lo hemos visto nunca, ¿eh? Al menos, esas cataratas oculares dan bastante juego al guion en los túneles. Y generan cierta grima visual, que de eso va la cosa.

Es precisamente esa propagación tan rápida lo que rompe cualquier aproximación a la realidad, y quiebra la verosimilitud que siempre requiere el terror para no hermanarse tan íntimamente con el género de acción. Ojo, que hay terroríficos patógenos velocistas en la realidad capaces de desencadenar síntomas en muy poco tiempo. La bacteria del cólera (Vibrio cholerae) puede dar la cara en unas horas, así como la Pasteurella multocida, que puede mostrar señales en la piel en menos de un día. Esta última, por cierto, viene muy bien en este artículo, ya que se transmite por mordiscos o arañazos de animales salvajes. Algunos virus de la gripe también pueden generar síntomas de un día para otro. Pero ningún patógeno culmina un contagio en minutos, y mucho menos en segundos.

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Podríamos reducir la barrera de la hora desde la infección a los síntomas si habláramos de toxinas bacterianas. Si una bacteria contamina un alimento, crece en él y se le da el tiempo necesario para desarrollarlas, estas sí pueden provocar una sintomatología más rápida al consumirse. El Staphylococcus aureus puede tumbarte por una intoxicación alimentaria en media hora si se lo propone. Pero, lamentablemente para los guionistas, las toxinas no se contagian de persona a persona.

Por lo tanto, estamos ante un producto cinematográfico que pone todo su peso argumental en el brazo de la balanza de la acción. Su lado biológico, ni está ni se le espera. Y no pasa nada. Lo disfrutamos igualmente. No es ni de lejos la propuesta más alocada en el género y el conjunto de sus elementos aprueba. Pero si buscamos profundidad científica, que siempre otorga ese plus de calidad y es lo que buscamos en este blog, toca bajarse de este tren y buscar en otra parte.

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