Las DIFERENCIAS entre libro y película: los comienzos – JURASSIC PARK

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parque jurasico jurassic park español

Jurassic Park nos descubrió a muchos la pasión por los dinosaurios. En ese terreno fértil para la imaginación que es la mente de un adolescente, algunos incluso nos obsesionamos con estos lagartos gigantes a través de la película de Spielberg. Aún recuerdo esperar ansiosamente cada entrega de la colección Dinosaurios de Planeta DeAgostini, con su correspondiente storyborad de la película. Pero nada de esto habría sido posible sin la novela en la que se inspira, escrita por Michael Crichton.

Y aquí entramos en el eterno campo de batalla de si las películas tienden a estar a la altura de la historia en el papel o no. No tiendo a entrar en la refriega. Son formatos distintos, que requieren visiones distintas. Pero sí me parece interesante al menos comparar lo que vimos en la pantalla con la idea original cosida con palabras de Crichton. Y empezamos por el principio: cómo comienza cada uno de los formatos.

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En el año 1993, tras el logo de Universal, la famosa franquicia de Spielberg comienza con el transporte de una jaula que contiene, aunque solo veamos su ojo, un raptor con muy malas pulgas. Pero en los libros hay que esperar algo más para cederle el protagonismo a los saurios.

En la contraparte literaria, la historia da comienzo en una clínica de Bahía Añasco en Costa Rica. La doctora Bobbie Carter recibe de urgencia un trabajador herido, supuestamente por una excavadora. Pero la facultativa no es tonta. Las heridas parecen realizadas por un animal salvaje. Por supuesto, no puede imaginarse que la causa sea un dinosaurio, por mucho que el paciente deje en el aire la palabra “raptor”, que finalmente se atribuye a seres místicos del folklore local.

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El único nexo de unión entre ambos puntos de partida, es que el paciente de la obra escrita sin duda es uno de esos trabajadores que salen malparados manipulando estas veloces bestias depredadoras. Seguramente no el mismo de la secuencia inicial, porque parece que el desafortunado personaje de la cinta queda con pocas probabilidades de salvar la vida. Y tampoco aparenta 18 años. Pero es una forma de reescribir ese inicio para el formato cinematográfico.

Tras este fugaz suceso, el resto de la primera parte de la obra escrita pasa a poner el foco en Tina, una niña de ocho años que disfruta de unas vacaciones en las playas de Cabo Blanco junto a sus padres. La muchacha es atacada por una especie de reptil, pero el dibujo que estaba realizando de la criatura antes del ataque confunde al doctor. No conoce lagarto alguno con tres dedos y postura erguida. Recurre al biólogo Martín Gutiérrez, que lo cataloga de basilisco, dejando las incongruencias a la fantasía infantil de la niña.

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Sin embargo, y no convencido del todo, el biólogo consigue capturar una muestra de este animal (bueno, media) y la envían a la Universidad de Columbia. Es aquí donde una técnica de laboratorio sugiere por primera vez que pueda ser un dinosaurio, ninguneada por lo absurdo de su propuesta. Y la muestra se queda en el congelador a la espera del experto en reptiles. Es aquí donde la biología comienza a olerse con brillantez, utilizando la zoología a modo de pistas para ir sembrando el misterio que más tarde (mucho más tarde), nos llevará al glorioso parque de dinosaurios.

Pero ¿a qué nos recuerda toda esta trama de Tina? Exacto. A la secuencia inicial de El mundo perdido. Spielberg no olvida el inicio real de la obra de Crichton, pero lo traslada a la segunda película. Tiene sentido, ya que esta se enfoca directamente en la isla, y no en el parque. La magia del cine, que premia la inmediatez visual al misterio sosegado. En el libro puedes (y debes) convertirte en un titiritero que va dejando migajas sutiles para atrapar la atención del lector y hacerle doblar la siguiente página. En la pantalla, necesitas comenzar con una persona siendo devorada entre gritos agónicos.

La mayoría de los espectadores nos habríamos quejado de no respetar el inicio literario, y nos habrían cerrado la boca con la segunda entrega. Pero seamos honestos, ¿quién de nosotros conocía a Michael Crichton antes de que se publicara la película?

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