
De todas las fascinantes (y polémicas) vertientes de la noética, Dan Brown se centra en una de ellas en concreto para su novela El último secreto: la capacidad de cambiar la realidad con la mente. Ya vimos que esta ciencia (o psesudociencia, según cada quién), no se adapta demasiado bien al método científico. Pero como siempre digo, la biología rara vez puede contenerse en las condiciones de un laboratorio, y eso nos permite acariciar el desafío constante a lo científicamente demostrado. Así que, hoy vamos a disfrutar de darle el beneficio de la duda a la propuesta de Dan Brown. ¿Realmente tenemos poder mental para alterar lo que nos rodea?
En esta última novela del autor de El código Da Vinci, Katherine Solomon es una investigadora noética que tiene en su último manuscrito uno de los descubrimientos más impresionantes de los últimos años. Tal es su importancia, que sus palabras son capaces de movilizar a todo tipo de personalidades y organizaciones para darle ese aura de thriller al que nos tiene acostumbrados el padre de Robert Langdon.

Elementos cinematográficos aparte, hay que decir que Brown jura y perjura que todos los experimentos y conocimiento científico que se novelizan en su obra son reales. Con mejor o peor acierto, es uno de sus rasgos de autoridad literaria. Y un nada desdeñable y polémico apoyo comercial. Pero lo cierto es que tampoco está reinventando la rueda del misticismo. Solomon parece haber descubierto que la mente es capaz de impactar en la realidad, transformándola a través de los pensamientos. Lo que se traduce en que Dios somos todos.
Y esta propuesta no es nada nueva. Ya la vimos en el momento de gloria de El secreto. Esta forma de pensamiento asegura que lo que crees, lo creas. Que si deseas algo con todas tus fuerzas, lo atraes desde un plano universal a tu realidad. Y pienso que hasta los más incrédulos y científicos, creemos que algo de cierto hay en esa creencia. Aunque solo sea porque así nos gustaría.

La ciencia es, en general, tajante con esta filosofía. No hay experimentos replicables ni estadística contundente a su favor. Pero hoy vamos a ponernos un poco rebeldes. El universo no entiende de noes. Seamos proactivos. Vamos a ver qué experimentos más reseñables se pronuncian a favor del potencial de la mente creativa.
Siempre digo que hay que dudar de los experimentos. De todos. Aún tengo la espina clavada de mi paso por los laboratorios, donde todo dato se puede maquillar, o al menos reformular una hipótesis y modelo (si se quiere ser más honesto), para que los números cuadren con una inversión que no quiere caer en fondo perdido. Por no hablar de los amiguismos e intereses corporativos; siempre los hay. No es la norma, pero sí una semilla para la desconfianza.

Sin embargo, siempre se aprende algo de un proyecto científico, esté mejor o peor propuesto, o incluso interpretado a la imagen y semejanza de su autor. Es muy interesante siempre tratar de demostrar lo inverosímil. Así que, abramos la mente y veamos los modelos más destacados que tratan de convencernos de que a través de la observación y la intención, podemos moldear la realidad. En este vídeo os muestro cinco de los estudios más citados por aquellos que apoyan el poder de la mente. Podéis creerlos. O no. Pero en cualquier caso, seguro que los encontráis muy interesantes.

