
Cuando leí que Criaturas luminosas iba sobre un pulpo que ayuda a una mujer a sobrellevar un trauma insostenible, me lancé a por la película. Soy un amante de los animales. De todos, hasta de los que tienen tentáculos. Y creo firmemente en que pueden mejorar nuestra vida. Incluso salvarnos de los pozos más oscuros. Así que, preparé palomitas y puse Netflix.
Esta película dirigida por Olivia Newman nos introduce en la vida de Tova (Sally Field), una anciana encargada de la limpieza de un acuario local. La mujer encuentra su refugio personal en su trabajo, en la soledad del turno nocturno y rodeada de esos seres que ni la juzgan ni la presionan, sino todo lo contrario. En concreto, un pulpo llamado Marcellus se convierte en su principal confidente. En sus ocho brazos encuentra su principal vía de desahogo. Tova sufre en silencio. No diré la causa para evitar el spoiler. Y encuentra más alivio en ese cefalópodo que en las personas que la rodean.

Por su parte, Marcellus también tiene lo suyo. Salvado por error, se siente condenado al metacrilato de su acuario. Sueña con regresar al mar y saborear cangrejos frescos. Y en este panorama de vidas quebradas, ambos encuentran el nexo de una amistad interespecífica.
Es difícil pensar que un ser viscoso con tres corazones y ventosas en sus brazos pueda convertirse en tal apoyo personal. Pero los que amamos los animales podemos empatizar fácilmente. Esa cercanía, esa búsqueda del otro ser a pesar de las distancias biológicas, es un cariño que por su propias carencias lógicas, no se puede explicar. Es totalmente visceral.
Sin embargo, este vínculo parece desvanecerse con el avance del metraje tanto como lo hace la tinta de un calamar en el agua. La llegada del joven Cameron (Lewis Pullman) lleva el guion a un juego local que pivota entre el drama y la comedia y el foco acaba llevándose casi exclusivamente a sus personajes: la tristeza que comparten la mujer y el joven, y sus acercamientos al tendero y la vendedora de tablas de paddle surf respectivamente.

Marcellus queda relevado aquí a un papel de observador-narrador y la zoología que se podía haber explotado queda reducida a pequeños comentarios que relacionan las cualidades del pulpo con el comportamiento humano a modo de reflexiones puntuales. Al menos, disfrutamos de las preciosas vistas fugaces de la fauna y flora del acuario. Pero la propuesta inicial pasa a un segundo plano para centrarse exclusivamente a la vida y obra de sus protagonistas. Eso no es bueno ni malo, todo depende de los gustos del espectador. Pero el cambio de tono y enfoque está ahí.
Es en esta parte donde la atención del espectador atraído por la relación entre pulpo y humana puede peligrar. Se evidencia que la película está basada en una novela, donde las relaciones interpersonales y las tramas cotidianas siempre funcionan mejor que en la inmediatez de una película. Pero dejo aquí el aviso de resistir, de esperar al final. De obviar algún que otro posible bostezo, y dejar que el cauce prosiga silenciosamente hasta su conclusión. Si el carisma de sus personajes se ha ganado tu atención como a la mayoría de los reseñadores, estupendo, pero si no evita cualquier intento de darle al botón de salida del mando.
No entraremos en territorio spoiler, pero en la recta final la película recupera esa propuesta que parecía haber perdido. Tampoco lo hace de forma espectacular o con un giro de guion digno de desencajar mandíbulas, pero al menos la trama se reencuentra consigo misma. Parecen encajar unas piezas que, seamos sinceros, aún conservan algunas aristas, donde la fantasía nunca se deja mezclar de forma orgánica con la realidad. Pero quizás eso sea parte de su encanto. No es ficción. Pero tampoco es del todo realista. Y así llegamos a una conclusión al menos satisfactoria, que hace de esta cinta una película recomendable, si uno se deja llevar por su encanto y no le busca los tres pies al gato (o las siete patas al pulpo).

Respecto a la biología, que es lo que aquí nos reúne, tenemos que hacer uso de la etiqueta de “lo que pudo haber sido”. Nuestro querido Marcellus se queda en apenas una excusa con intervención estelar sacada de la manga, y su papel es difícil de encuadrar tanto en la realidad de un pulpo, como en ese toque de fantasía que podría haberlo convertido en un maravilloso animal de cuento. Ni lo uno, ni lo otro. Un poco de cada, quizás.
Estamos por lo tanto ante una película que brilla más por su drama y las relaciones interpersonales de sus personajes que por su zoología. Pero siempre que haya un animal de por medio, tendremos una buena excusa para hablar sobre ello en Biolocia.com. Y hablando de cómo un animal puede ayudar en la depresión, os comparto un vídeo sobre ese potencial que tienen estas criaturas para sacarnos del abismo mental más profundo. Si quieres aprender a hacer este tipo de vídeos de forma sencilla (o necesitas uno personalizado), haz clic aquí.

